Somos ciegos, ¿nos echas una mano?

¡Hola, mi nombre es Dreige y este es mi amigo Eddy! Ambos tenemos 14 años. Vivimos en el Congo, un país en vías de desarrollo en África Central. Cuando digo vivir, bueno… no se vive realmente cuando se es ciego.

En nuestro país hay muy pocas cosas que las personas ciegas podamos hacer, ni siquiera tenemos la oportunidad de estudiar o trabajar. Tampoco tenemos ninguna esperanza de conseguir esa cirugía de la que hemos oído hablar, que por lo visto podría curar nuestra ceguera, porque nuestras mamás no pueden permitírselo.

Mi padre nos dejó cuando yo era un bebé. No fui lo suficientemente mayor como para entender lo que estaba sucediendo, pero años más tarde escuché a mi mamá comentar a alguien que mi padre decía que no quería tener nada que ver con ese niño «defectuoso”. Pero mi mamá nunca dejó de amarme y al igual que la mamá de Eddy seguía en busca de una manera de curar mi ceguera.

Un día me llevó a un gran barco blanco atracado en el puerto y allí mismo, en el muelle, mientras esperaba a ser visto por los médicos, me encontré con Eddy. No se puede decir que conociéramos cara a cara, porque no podíamos vernos, para eso tuvimos que esperar un par de días más, pero a nosotros no nos importó y nos hicimos amigos enseguida.

Me explicaron que yo iba a tener una cirugía de tan solo 20 minutos, pero que tendría que estar muy, muy quieto. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa si eso me permitía ver. Fue un poco extraño para mí el día siguiente, mientras ellos estaban trabajando en mi ojo yo me quedé lo más inmóvil posible, notando los sonidos y olores extraños a mi alrededor, y no me dolió en absoluto.

 

Al día siguiente, Eddy y yo estábamos juntos cuando nos quitaron los parches. Nos quedamos asombrados cuando nos vimos por primera vez. Mi mamá estaba llorando, pero no me importaba. ¡Me encantó poder ver su cara! Desde ese día, Eddy y yo somos inseparables.

Ya han pasado algunas semanas, pero no podemos dejar de mirar todas las cosas que nos rodean. Miramos hacia las nubes y los pájaros en el cielo o a la gente y los coches que pasan, porque para nosotros es todo increíble. Cuando estoy en casa y Eddy no está, a menudo llamo a mi mamá para que venga y mire un bicho o algo que haya descubierto. Ella se esfuerza en mostrar entusiasmo, a pesar de que para ella no es nada nuevo.

Ahora Eddy y yo vamos a la escuela y la mamá de Eddy está pagando a alguien para ayudarle a llegar al nivel de los otros niños en la lectura y la escritura. Eddy incluso se ha unido a un equipo de fútbol; a mí me encanta patear la pelota y perseguir a los otros niños de mi aldea.

Quiero dar las gracias a todas las personas que han dado generosamente para que pudiera ver de nuevo, pero también me gustaría pedir en nombre de los otros 11.999.998 niños ciegos en el mundo que todavía necesitan ayuda, ¡por favor, si puedes, dona un poco más para que otros niños como yo puedan tener una vida digna!

Muchas gracias,

Dreige