La malaria le roba la educación

La mayoría de las niñas sueñan con crecer para convertirse en una princesa o tener una familia propia. Pero para Sandrins de 8 años, su sueño es poder ir a la escuela al igual que su hermana melliza. No tiene una madrastra malvada que le hace quedarse en casa y hacer las tareas ni nada de eso, de hecho, a su madre le encantaría verla ir al colegio todos los días como su hermana y tener esperanza para su futuro!

El problema es que Sandrins tiene una discapacidad y en Madagascar significa que la vida no tiene mucho que ofrecerle. Con 3 años tuvo malaria y se le dio una inyección de quinina, pero algo salió terriblemente mal. No sabemos si tuvo una reacción a la quinina o si la aguja no se limpió bien, pero el resultado fue una deformación de su pie y su tobillo que le impide caminar muy lejos.

Donde vive no hay autobuses escolares, no hay sillas de ruedas, no hay servicios sociales ni nada que pueda ayudarla y como su familia nunca podrá reunir el dinero para pagar la cirugía para corregirle el pie, ella se limita a sentarse en casa y ayudar a su mamá lo mejor que puede.

Eso fue hasta que un día hace poco, su madre se enteró de que un buque hospital lleno de voluntarios había venido a ayudar a niños como Sandrins. Después de que el equipo ortopédico de Naves de Esperanza examinara su pie y declarara que podrían enderezarlo, su madre dejó escapar un gran suspiro de alivio. ¡Su hija tendría la oportunidad de un futuro igual que su hermana!

Sandrins tuvo su cirugía hace unas semanas y ahora está haciendo rehabilitación para que aprenda a caminar sobre su pie recién enderezado. ¡Nos gustaría poder estar ahí para ver sus preciosos ojos iluminados y su sonrisa de oreja a oreja dibujada en su hermoso rostro, el día que finalmente pueda alcanzar su sueño de ir a la escuela, igual que todos los demás niños de su edad!