Un cuidador con 5 años

Unido tiene cinco años y es un niñito adorable quien pensamos sería mucho más juguetón y travieso si no fuera por la enorme responsabilidad que lleva sobre sus hombros. Su padre William lleva ya 2 años ciego por cataratas bilaterales causadas por la diabetes. Cada vez que su padre tiene que ir a algún sitio o hacer algo, Unido tiene que estar allí para ayudarle, ya que en una nación en vías de desarrollo como es Madagascar, no hay nada adaptado para los invidentes y hay todo tipo de peligros por doquier.

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Ya que Unido tiene que ayudar a su padre con tanta frecuencia pierde muchas clases, lo que va a hacer que la vida de Unido como adulto sea muy difícil en un país donde la tasa de desempleo es extremadamente elevada. William había encontrado a un oftalmólogo en Madagascar quien podría quitarle las cataratas, pero le costaría un año de salario y no había forma de que pudiera costearse tal gasto en toda su vida.

Un día, un amigo le habló al padre de Unido sobre un barco que había venido a proporcionar cirugías gratuitas para personas que no podían costeárselas de ningún modo. Unido guió a su padre hasta el centro de evaluación médica del barco, y allí el doctor que examinó sus ojos les dijo que podrían operar los ojos de William y que podría volver a ver. El día después de su cirugía llegó una hora tarde a su cita médica porque había entendido mal donde tenían que ir.

William se sentó muy quieto mientras le quitaban las vendas y le limpiaban los ojos mientras su esposa e hijo miraban atentamente. Al principio simplemente estaba sentado, sin moverse, mientras todos en la habitación lo miraban y se preguntaban si podría ver. Y entonces, de repente, exclamó: “¡Puedo ver a mi hijo!” Todos en la habitación comenzaron a aplaudir a la vez que soltaban un suspiro de alivio. La enfermera caminó hasta el otro lado de la habitación y alzando la mano le preguntó cuántos dedos le estaba mostrando. “Dos”, dijo sin titubear. Cuando por fin examinaron su vista, descubrieron que era casi perfecta.

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Una vez que William pudo ver de nuevo no malgastó ni un momento en volver a poner su vida en orden. Todos los días enviaba a Unido al colegio, y cuando pudo ver con sus propios ojos el terrible estado en que se encontraba la chabola en la que su familia había estado viviendo, construyó una nueva casa. Y luego, incluso se sacó su permiso de conducir para poder trabajar y ganar dinero para mantener a su familia.

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