Viviendo con una fístula obstétrica

Como muchas otras en Madagascar, Tsima se casó a la edad de 12 años con su novio adolescente en una ceremonia tradicional en su pueblo. Al cabo de un año, se quedó embarazada de su primer hijo. Lo que debería haber sido un momento de alegría para la joven madre, se convirtió en tragedia cuando su pequeño cuerpo no pudo ser capaz de tener el niño. Las contracciones asolaron su cuerpo durante el parto y finalmente, después de horas, dio a luz a un niño muerto.

La tragedia continuó cuando su marido inmediatamente la abandonó y cuando ella descubrió que cuando se ponía de pie, perdía orina y le caía por las piernas. Tsima sufría de una fístula obstétrica; tenía incontinencia permanente con tan solo 13 años.

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La fístula obstétrica es una de las lesiones más graves y dramáticas que pueden ocurrir durante el parto. Es un agujero entre el canal del parto y la vejiga o recto causado por el trabajo de parto prologado sin tratamiento. En Madagascar hay más de 50.000 mujeres que tienen fístulas, y ese número crece cada año.

Tsima sufrió durante 7 años con esta condición tratable. Sus amigos la rechazaron diciendo «¡apestas!» y le exigían que se mantuviera alejada. Al igual que Tsima, las mujeres que sufren de fístulas obstétricas padecen de incontinencia, siendo rechazadas en sus comunidades, provocando en ellas depresión, aislamiento social y pobreza profunda.

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Por suerte, Naves de Esperanza está trayendo esperanza para la mujer que sufre de fístulas. Tsima oyó hablar de las cirugías gratuitas que ayudaban a las mujeres con su condición ofrecidas por Naves de Esperanza y viajó durante varios días para buscar una cura para finalmente terminar su sufrimiento. A través del Programa de Salud de la Mujer, Naves de Esperanza está dando a las mujeres como Tsima, una segunda oportunidad.