Mamá, me he ido a África.

A Angie Browne, de Reino Unido, siempre le ha gustado la aventura. Después de regresar de un corto viaje a Malasia, envió una solicitud y fue aceptada como voluntaria en el Anastasis de Naves de Esperanza, y como sus padres estaban ausentes en aquel momento, les dejó una nota diciendo: “Hola mamá y papá, he ido a Sudáfrica. Nos vemos en tres meses”.

En su primer tiempo como voluntaria con Naves de Esperanza trabajó como cocinera en la cocina. “Descubrí que no me gusta cocinar”, confiesa Angie “pero me encantó la experiencia”. Debe ser cierto porque ahora se está ofreciendo como voluntaria por tercera vez a bordo de la Esperanza de África.

Esta vez es voluntaria como líder de equipo de comedor. Es un trabajo muy exigente porque tienes que servir más de 1.500 comidas al día. No sólo alimentan a los más de 400 tripulantes que viven a bordo, sino también a unos 150 trabajadores locales, que no sólo se les paga y eso ayuda a la economía local, sino que también reciben tres comidas al día lo cual les mantiene en forma y con buena salud.

A Angie le encanta interactuar con la tripulación y se da cuenta de que es importante que disfruten de su experiencia en el comedor, tanto como asegurarse de que la comida se sirva fresca y caliente para mantener a todos contentos. ¡Después de todo dicen que un ejército marcha sobre su estómago

Más del 60% de la tripulación trabaja en áreas de apoyo que no forman parte del hospital y se necesitan todo tipo de habilidades incluyendo informática, contabilidad, electricistas, fontaneros y, por supuesto, la cubierta y los oficiales de ingeniería.

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