El rescate milagroso de Josephine

El rescate milagroso de Josephine

Los padres de Josephine estaban aterrados.  Su hija de dos años había inhalado algo que había afectado gravemente su respiración.  David y Judith podían oír el ruido en cada doloroso intento por respirar. Llevaron a Josephine inmediatamente a la clínica local, donde le enviaron al servicio de urgencias del hospital…  donde le enviaron a un hospital del gobierno…  que les envió a una clínica satélite…  que les mandó de nuevo al hospital del gobierno.

Tras pasar cinco días allí, les dijeron que su hija era demasiado pequeña para soportar una intervención quirúrgica. Necesitaban un anestesista pediátrico, equipamiento especial y una unidad de cuidados intensivos con un servicio de enfermería 24 horas; y no tenían nada de eso en el hospital de Sierra Leona.

Desesperadamente se fueron con Josephine a la oficina de la Ministra de Salud para rogar por su caso, y afortunadamente, en ese mismo instante Ann Gloag, miembro del personal internacional de Naves de Esperanza, estaba reunida con la Ministra.

Ann escuchó la respiración fatigosa de esta pequeña y llamó al Dr. Gary Parker, Director Médico a bordo de la Esperanza de África que estaba atracada en el puerto de Freetown. Organizó que una ambulancia se llevara a Josephine, a sus padres y al Dr. Kabineh (el médico sierra leonés) al buque.

El Dr. Parker descubrió una pequeña piedra que estaba alojada en sus bronquios y trabajó junto con el Dr. Kabineh durante cinco horas para intentar retirarla, pero no lo consiguieron.  Josephine necesitaba un cirujano cardiotorácico pero no había ninguno a bordo. David estaba destrozado. Naves de Esperanza era su última esperanza.

La condición de Josephine estaba deteriorándose rápidamente. Ghana tenía el cirujano que necesitaban, pero no estaba disponible. ¿Quién vendría a ayudarles?

Ann llamó a un amigo en Nairobi y le transmitió la necesidad crítica de localizar a un cirujano cardiotorácico pediátrico.  Su amigo llamó al Dr. James Munene, jefe de cirugía cardíaca del Hospital Nacional Kenyatta de Nairobi.

«Yo era renuente», dice el Dr. Munene. «Jamás había oído hablar de Naves de Esperanza. No tenía información acerca del caso, y además ¡era medianoche!  Pero a la 1:00 de la mañana tenía un billete y todo el papeleo preparado y me presenté en el aeropuerto de Nairobi a las 6:00 de la mañana», nos relata.

El Dr. Parker y el Dr. Munene le operaron, pescando con facilidad la piedra de sus bronquios.  Tras unos días, Josephine y sus padres agradecidos se fueron a casa.

La pequeña Josephine sonreía feliz cuando se marchaba de la Esperanza de África.

Se unieron tantas circunstancias milagrosas para que sobreviviera esta pequeña niña.

Ahora que está sana, quizá algún día llegue a comprender cómo la ayuda de estos voluntarios procedentes de alrededor del mundo se orquestó de una manera tan singular para salvar su maravillosa vida.