Maomai – Teratoma cervical

Maomai: Salvada de asfixia

El bebé Maomai habría muerto de asfixia y/o de hambre de no haber sido por la intervención de los médicos de Naves de Esperanza con una cirugía vital.

Era media noche y Perlagie no podía dormir. La imagen de Maomai, su hija de tres meses de edad, le pasaba por la mente cada vez que cerraba los ojos. Un enorme tumor del tamaño de la cabeza del bebé sobresalía del cuello de Maomai. Perlagie miró a su hija, que dormía tranquilamente en la cama del hospital, y comenzó a llorar.

Maomai nació con un teratoma cervical que se desarrolló hasta convertirse en un enorme bulto que salía de su cuello. Comenzó siendo del tamaño de una pelota de golf, pero en solo tres meses el tumor era casi del mismo tamaño que la cabeza del bebé.Lo que debería haber sido un acontecimiento feliz para toda la familia y el pueblo, el nacimiento de un bebé, de pronto se convirtió en una pesadilla viviente. Cuando los paisanos miraban a Maomai, veían a un monstruo. En un país donde las diferencias físicas marcan a las personas como parias, Maomai no fue bien recibida.

Perlagie y su marido, buscaron ayuda para su hija. Su hospital local no tenía ningún médico capaz de operar el tumor. Durante más de una semana, Perlagie permaneció en el hospital, esperando, esperando y orando para que un doctor fuera y ayudara a su hija, pero nadie fue. Finalmente se volvió a casa.

De vuelta a casa, la cuñada de Perlagie le habló de un buque hospital atracado en Cotonou. Ella acababa de regresar de la nave después de ser tratada por un problema en los ojos y pensó que podrían ser capaces de ayudar a Maomai.

Perlagie trajo a su hija a la Esperanza de África, y cuando nuestro equipo médico vio la urgencia del caso, enseguida prepararon a Maomai para su cirugía. Sin embargo, como el tumor le impedía  alimentarse adecuadamente, Maomai estaba demasiado delgada para poder soportar tal operación. Por tanto, el equipo médico tuvo que ponerle un plan alimenticio para nutrirla y aplazaron la cirugía durante un mes.

Llegó el día de la operación. Tuvieron que pasar seis horas hasta que los cirujanos extirparan el tumor que pesó 375 gramos, ¡el 15% de su peso corporal!

Maomai pasó más de un mes recuperándose en nuestro hospital, siendo alimentada mediante un tubo para ayudarle a ganar de peso. Desde que la operaron, la niña ha estado creciendo constantemente y ganando vitalidad. Maomai es un vivo ejemplo de cómo funciona el apoyo de los donantes, ya que de no haber sido por la generosidad de gente que ni si quiera la conocían, ella habría sido condenada a una muerte lenta.